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¿Conoces tu sistema de creencias?
Quizá has escuchado o te han preguntado cuál es tu sistema de creencias.
Este concepto psicológico, también conocido como “mapa mental”, es de donde provienen las creencias sobre uno mismo: tus ideales y valores. De aquí surgen las ideas de cómo interpretas tu realidad.
En este sistema de creencias se originan tus convicciones sobre quién eres, cómo eres como persona, cuáles son tus capacidades y hasta qué crees que mereces como ser humano.
Por ejemplo, ¿alguna vez te has dicho: “no me lo merezco porque soy torpe” o “no sirvo para nada”? Estas respuestas automáticas, que probablemente en algún momento te has dicho, surgen de estas creencias sobre uno mismo. En su mayoría, estos pensamientos son pasajeros y pronto se van; sin embargo, en otras ocasiones la mente puede quedarse pensando y sobrepensando en estos pensamientos negativos.
Y te puedes preguntar: ¿cómo aprendí esto mí mismo? En su mayoría, esta manera de pensar tiene sus raíces en la infancia. Es ahí donde vamos aprendiendo si somos amados, aceptados, rechazados o incluso juzgados, basándonos en nuestro entorno familiar, la escuela y la sociedad.
En esta etapa aprendemos a comportarnos adecuadamente o, por el contrario, a desarrollar conductas defensivas si nuestro entorno no es el más seguro.
Asimismo, en la adolescencia y en la adultez continuamos adquiriendo y reforzando estas creencias, así como nuestra identidad, a través de nuevas experiencias.
A veces, estos pensamientos que hemos aprendido sobre nosotros mismos los seguimos proyectando en nuestro día a día, e influyen en muchas de nuestras decisiones. En ocasiones pueden ser positivos, ya que nos motivan a tomar buenas decisiones; sin embargo, también pueden ser limitantes.
Por ejemplo, cuando tienes un concepto negativo sobre ti mismo, hay una alta probabilidad de que te límites al tomar decisiones. A veces, estos pensamientos te mantienen en tu zona de confort y te impiden a crecer, tanto mental como profesionalmente.
Es aquí donde es importante cuestionar y desafiar esos pensamientos que te limitan, y cambiar ideas como: “no puedo hacer esto”, “¿para qué lo intento?” o “mejor no”. Aunque cambiar los pensamientos no siempre garantiza que lograrás lo que esperabas, nunca lo sabrás hasta que te atrevas a desafiarlos.
Y quizá te preguntes: ¿cómo cambiar este sistema de creencias? No existe una varita mágica ni una fórmula única para lograrlo. Lo que sí sabemos es que es un trabajo continuo. Implica modificar la manera en que te hablas a ti mismo. Puedes comenzar por no autocriticarte tanto, ser más comprensivo contigo mismo y, sobre todo, cuestionar esos pensamientos cuando los identifiques.
Modificar tus creencias sobre ti mismo es un proceso constante. Lo importante es reconocer tus habilidades, virtudes y también tus debilidades; al final del día, no somos seres perfectos.
Te invito a cuestionarte: ¿cómo cambiarás tu diálogo interior? ¿Qué te dirás a ti mismo la próxima vez que las cosas no salgan bien? ¿Te reprocharás o serás más comprensivo contigo mismo?
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¿Cómo es ir a terapia psicológica?
Muchos hablan de la importancia de ir a terapia, pero en realidad cómo es, o cómo funciona. La idea clásica de la terapia de Sigmund Freud, donde el paciente se recuesta en un sillón mientras mientras es psicoanalizado, hoy en día es poco común.
En realidad, no hay una sola respuesta, ya que la terapia o psicoterapia depende de varios factores. Principalmente, el tipo de intervención terapéutica que recibas estará determinado por el problema que te llevó a terapia y la meta que deseas alcanzar en tu “plan de tratamiento”, como se le conoce clínicamente.
El plan de tratamiento consiste en identificar el problema inicial; en esta etapa se puede asignar un diagnóstico clínico y se exploran los objetivos y herramientas necesarias para lograr cambios y alcanzar las metas terapéuticas.
Por ejemplo, si el motivo de acudir a terapia es una depresión que ha persistido por más de un mes, el plan de tratamiento debe enfocarse en objetivos que ayuden a reducir los síntomas depresivos.
Hoy en día, la terapia suele tener un formato de diálogo a lo largo de varias sesiones, donde el paciente explora sus pensamientos y procesa sus emociones, mientras el terapeuta lo guía mediante la observación, preguntas, reflexión, motivación o deducción, entre otras técnicas.
La terapia puede ayudarte a comprenderte mejor y a encontrar la raíz del problema inicial; por ejemplo, a identificar de dónde proviene ese pensamiento distorsionado o esa crítica interna, que muchas veces tiene su origen en el sistema de creencias fundamentales (o “core beliefs”).
Te explicaré más sobre el sistema de creencias fundamentales en otro artículo.
Durante nuestra infancia, desarrollamos nuestras capacidades de acuerdo con nuestro entorno, ya sea con la familia, la escuela o la sociedad. En esta etapa aprendemos lo que significa ser amados, aceptados o rechazados. A través de nuestras experiencias, aprendemos a comportarnos de cierta manera, ya sea como “niños bien portados” o lo contrario.
¿Alguna vez te has preguntado por qué a veces automáticamente te dices “qué torpe soy” o “no sirvo para nada”, o por el contrario, “sé que puedo, nada es imposible”? Estos pensamientos automáticos, positivos o negativos, se aprenden en la infancia y se van reforzando durante la adolescencia.
En muchas ocasiones, la terapia ayuda a cuestionar, desafiar y modificar estos pensamientos que han influido en tu personalidad. Asimismo, puede ayudarte a resolver conflictos internos, adquirir herramientas emocionales, cambiar creencias erróneas y, sobre todo, transformar tu percepción de la vida.
A través de terapia puedes procesar esas emociones reprimidas que te han causado enojo o frustración, así como aprendes a entender y regular tus emociones, y principalmente a explorar tus fortalezas y capacidades.
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¿Cuándo debo acudir a terapia?
Si estás pasando por ansiedad, tristeza intensa o depresión, frustración ante algún evento, baja autoestima, estrés, problemas familiares o alguna adicción, probablemente sea un buen momento para comenzar terapia.
Sin embargo, no existe un momento exacto para empezar. Algunas personas buscan ayuda cuando el problema apenas comienza, mientras que otras lo hacen después de años intentando resolverlo por sí mismas.
No es necesario esperar a una situación extrema para acudir a terapia; muchas veces es mejor hacerlo antes de que el problema se salga de control. Claro, esta es una decisión muy personal.
Recuerda que la terapia, ya sea individual, familiar o grupal, es confidencial. La información compartida se considera información médica y está protegida por la ley HIPAA. Existen algunas excepciones legales en las que la confidencialidad puede romperse, pero son casos poco frecuentes y específicos.
También es importante tener en cuenta que la terapia no lo soluciona todo. Como muchas cosas en la vida, el cambio toma tiempo: meses o incluso años. En la mayoría de los casos, el proceso comienza cuando la persona está lista para afrontar sus obstáculos mentales, con o sin terapia.
La terapia puede ayudarte a comprender y encontrar soluciones en un espacio seguro, sin ser juzgado. Como suelo decirles a mis pacientes: todos somos imperfectos y estamos en constante crecimiento.
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Sabías que abril es el mes de la “Concientización sobre el Estrés” (Stress Awareness Month)?
¿Te has sentido estresado últimamente, ya sea por situaciones laborales, la economía, algún problema de salud, familiar o algo más? El estrés, así como tiene su lado positivo cuando es temporal, también puede ser dañino para la salud física y mental cuando se convierte en estrés crónico.
Aquí te comparto 5 tips que pueden ayudarte a manejar el estrés durante la semana, algunas recomendadas por Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
Practica alguna actividad física.
Si puedes salir a caminarde 20 a 30 minutos, hazlo. Estudios médicos han comprobado que caminar diariamente reduce el cortisol, la hormona del estrés. Si tienes alguna condición de movilidad y caminar no es una opción, también existen ejercicios que puedes hacer desde la cama o una silla. Consulta a tu médico para recomendaciones de fisioterapia.Practica “Radio Taiso”.
La cultura japonesa introdujo en 1928 el “Radio Taiso”, un conjunto de ejercicios de estiramientos que duran entre 3 y 5 minutos y fomentan movimientos del cuerpo completo.. Este ejercicio es una actividad sencilla que puedes practicar por las mañanas. En YouTube encontrarás muchos videos que te enseñan cómo hacerlo.Escucha música.
No es ninguna novedad que la música ayuda a reducir el estrés. Diversos estudios han demostrado que escuchar música, tocar un instrumento, cantar o incluso escribir música ayuda a relajar el cerebro y disminuir el ritmo cardíaco. También puedes cantar durante un descanso, en el auto camino a casa, en la ducha o al aire libre.Practica técnicas de relajación o “mindfulness”.
Dedica al menos 5 minutos al día a técnicas como la respiración consciente, la relajación muscular progresiva o la meditación guiada. Plataformas como YouTube o Spotify ofrecen muchas opciones accesibles.Mantén una rutina de sueño.
Intenta dormir entre 7 y 9 horas diarias. Hoy en día se ha normalizado dormir solo cinco o seis horas, ya sea por el trabajo u otras razones. Sin embargo, la falta de sueño mantiene a tu mente y cuerpo en un estado de alerta constante, elevando los niveles de cortisol.
Si tienes problemas temporales para conciliar el sueño, intenta tomar siestas cortas durante el día y hacer ajustes en tu rutina, como reducir el consumo de tabaco y evitar bebidas con el alcohol, cafeína por la tarde. Si el problema es crónico, consulta a un especialista del sueño.
Para más ideas, sigue a las entidades de Mayo Clinic o al CDC:
https://www.mayoclinic.org/tests-procedures/stress-management/about/pac-20384898
https://www.cdc.gov/mental-health/es/living-with/manejo-del-estres.html
¿Qué es el estrés?
El estrés es una reacción natural ante algún cambio, desafío o evento que el cerebro interpreta como una amenaza. En respuesta, el sistema nervioso simpático —o sistema de alerta de “lucha o huida”— libera hormonas como la adrenalina y el cortisol para protegerte.
El estrés puede causar problemas emocionales como ansiedad, dolores de cabeza, falta de concentración e irritabilidad, así como agravar enfermedades cardíacas, diabetes, entre otras.